|
Orestes, tras matar a su madre Clitemestra,
se acoge al templo de Apolo perseguido por las Erinias, los
genios vengadores de la sangre derramada, que exigen su
presa.
Para acabar con la cadena de crímenes de la
casa de los Atridas, va a ser juzgado en el tribunal del
Areópago de Atenas, antiguo Consejo de nobles ancianos ya en
época homérica y actualmente encargado de los delitos de
sangre.
La dificultad de emitir un fallo ecuánime se
manifiesta en que el reo pierde por un voto, pero Atenea,
que preside el tribunal, vota en último lugar a su favor, lo
que determina su absolución al igualarse el número de votos.
Las Erinias, que protestan y amenazan, quedan aplacadas
convirtiéndose en genios benévolos, protectores de la ciudad
de Atenas. |