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Es el más ilustre representante de la Comedia
Antigua y empezó de muy joven a escribir comedias que
presentaba a nombre de otros, Los Comensales, Los Babilonios
y Los Acarnienses. En su juventud se desencadenó la Guerra
del Peloponeso, el momento más difícil de la historia de
Atenas embarcada en ese conflicto desastroso por una serie
de políticos ambiciosos, ineptos y corruptos, a los que
ataca con la burla y la parodia. Murió poco después de la
fecha de su última comedia, Pluto.
En sus comedias se presenta siempre un
problema de difícil solución que afecta al coro o está en
relación con él, pero el protagonista, secundado por él,
logra resolverlo y acaba en un final feliz que va acompañado
de un copioso banquete del que son excluidos el antihéroe y
cuantos vividores pretenden aprovecharse del triunfo del
héroe.
Es recurso frecuente la parodia de la
tragedia (sobre todo de Eurípides), la epopeya, la lírica,
los mitos, los ritos, los dioses y los oráculos.
Casi siempre discurre la comedia en el mundo
de la fantasía y la utopía (el mundo al revés en
Asambleístas, Lisístrata o Avispas), pero, bajo esa capa
superficial, se abordan problemas sociales y humanos muy
profundos, como las ansias de paz o las reformas
igualitarias sociales. Busca lo ideal, por utópico o
fantástico que pueda parecer y lo sitúa en un pasado
atemporal o en la época gloriosa de la Atenas de los buenos
tiempos, cuyas costumbres presenta como un modelo a seguir
Sus personajes someten a la crítica, jocosa
pero despiadada, a los gobernantes sin escrúpulos, a la
Asamblea Popular, a los magistrados corruptos, a los
tribunales, al pueblo mismo. Nostálgico de la antigua
grandeza de Atenas –la de Maratón y Salamina- es enemigo de
las novedades en el arte de razonar y de educar, lo que le
lleva a fustigar con la burla y el disparate a los demagogos
y los sofistas, que personifica equivocadamente en Sócrates,
convirtiéndolo en un individuo grandilocuente y maniático.
Se le ha considerado un reaccionario
conservador, un defensor a ultranza de la tradición opuesto
a todas las innovaciones introducidas por las nuevas
generaciones de educadores, filósofos y poetas, pero sólo
pretende reírse de todo y de todos; sus ataques a los dioses
no suponen ateísmo y los dirigidos a Eurípides sólo buscan
un motivo para provocar la risa del público y no suponen una
animadversión.
En sus obras se refleja a la perfección la
vida cotidiana de la sociedad ateniense: ancianos y
campesinos, jóvenes aristócratas melenudos, demacrados
discípulos de los sofistas, esclavos que comparten la vida
familiar con sus amos, mujeres sometidas a la autoridad del
marido, tipos despreciables como los sicofantas y demagogos,
honrados labriegos que cultivaban felices sus campos y ahora
viven hacinados dentro de las murallas de Atenas y añoran la
paz de sus campos, los concursos de comedias, los banquetes
en casa de los ricos, el ambiente de la Asamblea ateniense,
el del Consejo y de los tribunales, las fiestas de las
mujeres, los desastres de la guerra . |