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El vigía apostado en la azotea del palacio se
alegra de la noticia de la caída de Troya, pero lamenta el
triste destino de la familia de los Atridas. El coro, en un
largísimo prólogo moral lleno de cantos sombríos, expresa su
terror por las consecuencias que los funestos augurios
hacen prever debidas a las acciones impías en el desarrollo
de la guerra.
Clitemestra acoge con buenas maneras
aparentemente a su marido que vuelve de Troya acompañado de
Casandra, la vidente que puede reconocer en el palacio los
crímenes antiguos y la muerte que le espera.
El coro, al abrirse la puerta del palacio,
contempla los cadáveres de Agamenón y Casandra, crimen que
justifican los dos amantes y que el Coro repudia. |