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Las mujeres disfrazadas de varones suplantan
a sus maridos en una sesión de la Asamblea en que se
discuten las propuestas para la salvación del Estado.
Cremes al volver de la Asamblea informa de
que se ha decidido ponerlo en manos de las mujeres, que por
medio de la protagonista tienen que responder a las
objeciones de quienes creen que es un disparate.
La comunidad de bienes y de mujeres tiene
curiosas consecuencias: el ciudadano bienintencionado
entrega sus bienes al común mientras el astuto los oculta
pero se aprovecha de las ventajas de la nueva situación; el
joven enamorado se ve reclamado por varias viejas que exigen
su derecho antes de disfrutar con la joven.
El banquete final al que están todos
invitados cierra la obra. |